Marcelo Biagi
"Como la verdadera naturaleza
se ha perdido, hay que inventar una sobrenaturaleza"
José Lezama Lima
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LA LUZ
The magical mystery tour is waiting to take you away...
Carlos Elliff manejaba como un loco, como si quisiera volver en el tiempo. Apuntaba a la carretera y apretaba más y más el acelerador. Sus ojos estaban rojos con esa mirada línea de fuego. Sus ojos eran algo que todos envidiaban. Nadie poseía esa intensidad en la mirada. Pero cuando hablaba... todo se paralizaba. Su voz era como bajada del monte Sinaí, con el rigor de transmitir la palabra del Mesías. Tenía un único defecto, el T.Y.V 152 se le había roto y eso interfería el programa verbal y entonces no podía hablar bien. Carlos hablaba al revés, pero no "alvesrre" sino literalmente hablaba al revés, como cuando pasás un cassette hacia atrás, como el permanente giro hacia atrás de un disco eterno. Era algo terrible ver a ese ser con voz mesiática, escucharlo... ¡Hablaba al revés! Con el tiempo comencé a entenderlo, al principio creía que hablaba un idioma extraño, extinguido, extranjero, esperanto, el idioma perdido, un latin-ruso enmarañado con sonidos guturales, algo realmente "freak", pero a la vez era como armonioso, rítmico, yo percibía en esa maraña de infernales ruidos una linea casi hipnótica, me quedaba horas escuchando a ese ser gesticular, con un halo como psicometafórico. No podía apartar los oídos de él. Comencé, con el tiempo, a pensar que sería grandioso poder amplificarlo o construir una pared de ruidos sobre la voz, crearle armonías sobre esa masa informe de sonidos, poder hacer algo de música con él. Sería fantástico poder lograr que la gente escuchase esa voz.
Comenzaba a amanecer con el sol a mis espaldas. No podía saber cuánto habíamos manejado ni cuánto manejaríamos. El camino parecía más y más largo. Carlos me miró y me dijo: - ¿oggeuffssaddemmemm? - Sus ojos infernales se tornaban suplicantes, implorantes, todo el ser atemorizador se volvió una masa de gemidos y súplicas. Entonces saqué el encendedor de mi bolsillo derecho, lo prendí y sus ojos se inundaron de felicidad. Apartó la mano del volante, se arremangó el traje de goma antiflama, para dejar su parte de piel expuesta y apoyarla contra el fuego. Sus ojos se pusieron en blanco y su sonido gutural se transformó en un gemido eterno.......ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!. Gozaba de una forma inimaginable, podía sentir que el placer lo invadía, como un orgasmo constante, como un todo. Entonces apague el fuego y le pregunte: -Carlos ¿alguna vez viste un chancho volar? Es algo que realmente extraño y no se por qué.