María Cristina Arostegui
I
Después que mi mano haya dado la forma, se convertirá en tu mano. La creación será para ti y también para mí. Luego desaparecerá la mano bajo el aspecto de una simple incitación a los sentidos. De allí en más solo permanecerá la fiesta de nuestro encuentro entre los signos. Mientras el fuego de las consumaciones no diga lo contrario. II
Qué es estar sitiado sino imaginar al otro desde el lugar del caos y perder los colores bajo el polvo terrestre. ¿Imaginas el rostro de un mundo sin colores donde todo decaiga en los pronunciamientos de un emblema de ausencias y concatenaciones? A veces se hace necesario asomar para que la vibración vertiginosa no se convierta en la araña que teje nuestros sueños. A veces los bordes son imprecisos y la figura ajena nos con- tiene. Es la mirada pájara. La miríada pájara que regresa del vuelo subterráneo. Aquí estoy. Aquí estás. Aquí, los goznes, las bisagras que abren y cierran mundos en la inquietante estirpe que llamamos humana. III
Cada etapa iba arrojando sus flores sobre el tapete donde los jugadores ejercitaban trampas y vanos simulacros. Sobre el mazo de naipes quedaba siempre algún resto de esa naturaleza marchita y deshojada. Rey de copas, as de espadas, siete de oros. Entre números y figuras circulaba el azar. Una cortina De hastío impedía las miradas. Afuera el cielo rencoroso desató una gran tormenta. Las ventanas del alma se abrieron al impulso de las ráfagas y los naipes en discordia dijeron que una jugada siempre impredecible amenaza con disgregar las fronteras del tiempo y el espacio. IV
Apuntes Para una nueva estación de la locura. Gritos y silencios sobre el huevo azul de la noche. La piedra se oculta más allá de la piedra y el prodigio yace al borde de la nada esperando que el mar entre en su frágil paraíso. ¿Qué delirio lo sustrae del acoso en tanto el universo desteje las mil lenguas de su mediumnidad? V
Una llama se agita. En su doble apariencia el fuego reverdece. Testigo y protagonista. Consumado en la cordial agitación. Consumido por el ardor. Quema y despierta. Inflama y cede el paso al follaje. Ramifica. El fuego se multiplica en bosques mientras los cuerpos abras/zados florecen. Todo se ilumina. Sobre la hierba corretean luciérnagas. Así es como jugamos a aparecer y desaparecer. Así es como la vida se enciende en cualquier parte. VI A Julio Cortázar
Escribo una carta. ¿A quién? A alguien que está detrás de acaso. El destinatario me deja su respuesta a cada momento y en cualquier buzón. Su mensaje sin firma se ilumina con una claridad de amanecer. El texto no parece divino ni anónimo. Contiene letras que trascienden el poder de la razón. El tiempo me responde casi siempre con su caligrafía inesperada.